La Frase del Día

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sábado, 10 de julio de 2010

El Manifiesto Ambiental de Noah Sealth (merece la pena...)


EL MANIFIESTO AMBIENTAL DE NOAH SEALTH

La carta del jefe indio Noah Sealth, 1854.

En el año 1854 el jefe indio Noah Sealth respondió de una forma muy especial a la propuesta del presidente Franklin Pierce para crear una reserva india y acabar con los enfrentamientos entre indios y blancos. Suponía el despojo de las tierras indias. En el año 1855 se firmó el tratado de Point Elliot, con el que se consumaba el despojo de las tierras a los nativos indios. Noah Sealth, con su respuesta al presidente, creó el primer manifiesto en defensa del medio ambiente y la naturaleza que ha perdurado en el tiempo. El jefe indio murió el 7 de junio de 1866 a la edad de 80 años. Su memoria ha quedado en el tiempo y sus palabras continúan vigentes.

CARTA DEL JEFE INDIO Noah Sealth, 1854:


"¿Como se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.
Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Como podrán ustedes comprarlos?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de roció en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservara un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.

El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atrás solo un desierto. No se, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los arbol es en primavera o como aletean los insectos. Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿Para que sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento - la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una maquina humeante puede importar mas que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.

¿Que seria del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; Porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.

Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.
Todo lo que le ocurra a la tierra, les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común.

Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminaran hacia su destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por que se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes...


¿Dónde está el matorral? Destruído. ¿Dónde está el águila? Desapareció. "Termina la vida y empieza la supervivencia."

domingo, 2 de mayo de 2010

"Naturalidad, Respeto y Libertad..."



Al hilo de la anterior entrada llamada "Respeto", quería decir algunas cosillas para completar y enriquecer un poco el tema...


Este que les escribe, no se si a muchos o a pocos, aunque eso es lo de menos, está ultimamente notando algunos cambios internos en lo que a la percepción de las cosas se refiere... y llegando a conclusiones para mi nada despreciables...


Hay sentimientos humanos altamente recomendables que brillan por su ausencia en esta sociedad en la que vivimos, en cambio, otros no tan deseables, son los protagonistas diarios de nuestras vidas... Conozco personas envidiosas, competitivas, cuya vida consiste en estar por encima de los demás para sentirse realizados y sin embargo no se dan cuenta de que pretendiendo solo "ganarles" a los demás lo único que hacen es no concentrarse en sus logros, de modo que al final es negativo para ellos.


La felicidad no se logra alcanzando objetivos profesionales, económicos o de estatus social solamente, se necesita un apoyo de personas, amigos, pareja, relaciones con los demás óptimas que sacien nuestras necesidades afectivas para alcanzar un nivel emocional que nos satisfaga totalmente. Muchos creen que cuando alcancen ese trabajo, ese sueldo o consigan algún objetivo lograrán la felicidad completa...pero...¿y después que? Tenemos que saber que esa ansiada felicidad debemos buscarla en el camino hacia las cosas, hacia nuestros fines, y con nuestro comportamiento en la vida conseguir mantener el nivel.


Para estar contentos con nosotros mismos es necesario "ser nosotros mismos", esto es comportarnos como realmente nos gustaría, sin querer seguir esa moda creciente que hay de aparentar lo que no se es... somos como somos y para ser felices tenemos que aceptarnos, gustarnos y no querer se más que los demás, simplemente ser diferentes.

En definitiva, la naturalidad, no es mas que comportarnos de una forma natural y consecuente con nosotros mismos, sin delirios de grandeza ni tonterías, con simpleza...Es básico respetar a todo el mundo y aceptar otros puntos de vista por mucho que no nos convenzan, porque, como dije el otro día, escuchando las opiniones de los demás podemos enriquecer la nuestra propia, no? al fin y al cabo, el ser humano aprende por imitación, y coje lo que le va gustando de los demás para hacerlo propio...


Por último, la libertad es fundamental para sentirnos realizados al 100%. Tanto gozar de ella como permitir que los que están a nuestro alrededor tengan la suya, respetándolos, aceptándolos y queriéndolos o no, según veamos...


Haz lo que quieras, viviendo con sencillez, respetando a los demás y ayudando en lo que puedas, creo que es como se llega a ese punto de satisfacción buscado...o no?

Esta es mi humilde opinión y creo que está bien compartirla.


Abrazos,


8a.


pd: Sin desperdicio: http://anncaje.blogspot.com/2010/04/son-conscientes-de-su-parentesco.html, gracias a anncaje por contemplar en su blog el tema del otro día y hacer referencia a nuestro grupo ecologista y al blog, saludos!!



lunes, 26 de abril de 2010

"Respeto"


¿Existe en nuestro diccionario palabra más hermosa que esta? en mi opinión, no.

El respeto es el reconocimiento de que algo o alguien tiene su valor y puede considerarse la base para la moral y la ética, pero resulta que muchos de nosotros presumimos de morales y éticos y muy pocos pueden hacerlo de respetar a todos y a todo. Respetar y valorar a las personas como se merecen, sin prejuicios y sin "cotilleos" es algo complicado para nuestra especie, la humana, pero merece la pena hacer el esfuerzo, pues para sentirnos respetados de verdad debemos mostrar un comportamiento respetuoso ante lo que nos rodean.

No confundamos los respetos, todos respetamos al jefe, al profesor o al portero de la discoteca, pero este es un falso sentimiento, en realidad nos importa un "carajo" mas o menos grande lo que les pueda pasar a algunos individuos, nuestro respeto hacia ellos viene del miedo, de la preocupación que tenemos por el efecto que pueden tener en nosotros ciertas decisiones suyas, un despido, un suspenso o un "fuera de la discoteca" porque le da la gana. Estamos hablando de respetar a las personas, a su forma de pensar, respeto hacia las vidas ajenas, tanto de humanos como del resto de las especies que conforman las variadísimas poblaciones de nuestro planeta.

Siempre habrá gente que no respete a los demás del todo, por causas voluntarias o porque realmente puede ser muy complicado tener un comportamiento bueno siempre, no olvidemos que somos humanos, pero si intentáramos ser cada vez mejores personas, mas respetuosas con todo, en definitiva "mas humanos" el mundo cambiaría mucho. De momento comencemos con nuestros alrededores y ya se verá como sigue la cosa...
Algunos piensan que pasando por encima de los demás como máquinas cosechadoras van a conseguir ser venerados, pero solo conseguirán crear un ambiente de falsedad, en el que el verdadero sentimiento de los demás será el del odio, maquillado de color respeto... en cambio, creo que teniendo respeto por las cosas y por los demás, no solo conseguiremos sentirnos más felices, sino que lograremos conservar a nuestros amigos, nuestra familia y nuestra tierra... Se trata de no molestar al vecino, amigos, que al final vamos a ir todos al hoyo...

Me despido con esta frase de Marx: "El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan"

Un abrazo a todos!!

8a.

viernes, 2 de abril de 2010

Cuentos Populares (4): "Nueve Vacas"

Realmente merece la pena leerlo, un abrazo a todos...


Dos amigos marineros viajaban en un buque carguero por todo el mundo, y andaban todo el tiempo juntos. Así que, esperaban la llegada a cada puerto para bajar a tierra, encontrarse con mujeres, beber y divertirse.
Un día llegaron a una isla perdida en el Pacífico, desembarcaron y se dirigieron al pueblo para aprovechar las pocas horas que iban a permanecer en tierra.

En el camino se cruzaron con una mujer que estaba arrodillada en un pequeño río lavando ropa.

Uno de ellos se detiene y le dice al otro que lo espere, que quiere conocer y conversar con esa mujer. El amigo, al verla y notar que esa mujer no es nada del otro mundo, le dice que para qué, si en el pueblo seguramente iban a encontrar chicas más lindas, más dispuestas y divertidas.
Sin embargo, sin escucharlo, el primero se acerca a la mujer y comienza a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres.
Cómo se llama, qué es lo que hace, cuántos años tiene, y también si puede acompañarlo a caminar por la isla.

La mujer escucha cada pregunta sin responder ni dejar de lavar la ropa, hasta que finalmente le dice al marinero que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella, y en ese caso debe hablar primero con su padre, que es el patriarca del pueblo.

El hombre la mira y le dice: “Está bien. Llévame ante tu padre. Quiero casarme contigo”.

El amigo, cuando escucha esto, no lo puede creer. Piensa que es una broma, un truco de su amigo para entablar relación con esa mujer. Y le dice: “¿Para qué tanto lío? Hay un montón de mujeres más lindas en el pueblo. ¿Para qué tomarse tanto trabajo?”.
El hombre le responde: “No es una broma. Me quiero casar con ella. Quiero ver a su padre para pedir su mano”.
Su amigo, más sorprendido aún, siguió insistiendo con argumentos tipo:
“¿Tu estás loco?”, “¿Qué le viste?”, “¿Qué te pasó?”, “¿Seguro que no tomaste nada?” y cosas por el estilo.

Pero el hombre, como si no escuchase a su amigo, siguió a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea.
El hombre le explica que habían llegado recién a esa isla, y que le venía a manifestar su interés de casarse con una de sus hijas. El jefe de la tribu lo escucha y le dice que en esa aldea la costumbre era pagar una dote por la mujer que se elegía para casarse.
Le explica que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas, por las más hermosas y más jóvenes se debía pagar 9 vacas, las había no tan hermosas y jóvenes, pero que eran excelentes cuidando los niños, que costaban 8 vacas, y así disminuía el valor de la dote al tener menos virtudes.
El marino le explica que entre las mujeres de la tribu había elegido a una que vio lavando ropa en un arroyo, y el jefe le dice que esa mujer, por no ser tan agraciada, le podría costar 3 vacas.

“Está bien” respondió el hombre, “me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas”.

El padre de la mujer, al escucharlo, le dijo: “Usted no entiende. La mujer que eligió cuesta tres vacas, mis otras hijas, más jóvenes, cuestan nueve vacas”.

“Entiendo muy bien”, respondió nuevamente el hombre, “me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas”.

Ante la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un loco, aceptó y de inmediato comenzaron los preparativos para la boda, que iba a realizarse lo antes posible.

El marinero amigo no lo podía creer. Pensó que el hombre había enloquecido de repente, que se había enfermado, que se había contagiado de una rara fiebre tropical. No aceptaba que una amistad de tantos años se iba a terminar en unas pocas horas. Que él partiría y su mejor amigo se quedaría en una perdida islita del Pacífico.

Finalmente, la ceremonia se realizó, el hombre se casó con la mujer nativa, su amigo fue testigo de la boda y a la mañana siguiente partió en el barco, dejando en esa isla a su amigo de toda la vida.
El tiempo pasó, el marinero siguió recorriendo mares y puertos a bordo de los barcos cargueros más diversos y siempre recordaba a su amigo y se preguntaba: “¿qué estaría haciendo?, ¿cómo sería su vida?, ¿viviría aún?”.
Un día, el itinerario de un viaje lo llevó al mismo puerto donde años atrás se había despedido de su amigo. Estaba ansioso por saber de él, por verlo, abrazarlo, conversar y saber de su vida.
Así es que, en cuanto el barco amarró, saltó al muelle y comenzó a caminar apurado hacia el pueblo.
“¿Dónde estaría su amigo?, ¿Seguiría en la isla?, ¿Se habría acostumbrado a esa vida o tal vez se habría ido en otro barco?”
De camino al pueblo, se cruzó con un grupo de gente que venía caminando por la playa, en un espectáculo magnífico.
Entre todos, llevaban en alto y sentada en una silla a una mujer bellísima.
Todos cantaban hermosas canciones y obsequiaban flores a la mujer y esta los retribuía con pétalos y guirnaldas.
El marinero se quedó quieto, parado en el camino hasta que el cortejo se perdió de su vista. Luego, retomó su senda en busca de su amigo.
Al poco tiempo, lo encontró. Se saludaron y abrazaron como lo hacen dos buenos amigos que no se ven durante mucho tiempo.

El marinero no paraba de preguntar: “¿Y cómo te fue?, ¿Te acostumbraste a vivir aquí?, ¿Te gusta esta vida?, ¿No quieres volver?”
Finalmente se anima a preguntarle: “¿Y como está tu esposa?”
Al escuchar esa pregunta, su amigo le respondió: “Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños”.

El marinero, al escuchar esto y recordando a la mujer insulsa que años atrás encontraron lavando ropa, preguntó: “¿Entonces, te separaste? No es la misma mujer que yo conocí, ¿no es cierto?”.

“Si” dijo su amigo, “es la misma mujer que encontramos lavando ropa hace años atrás”.
“Pero, es muchísimo más hermosa, femenina y agradable, ¿cómo puede ser?”, preguntó el marinero.

“Muy sencillo” respondió su amigo. “Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella creía que valía 3 vacas. Pero yo pagué por ella 9 vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de 9 vacas. La amé como a una mujer de 9 vacas. Y ella se transformó en una mujer de 9 vacas”.

“Cuando alguien nos valora y nos estimula, con sinceridad y amor, obramos cambios increíbles...”

(anónimo)

Saludos,

8a.