La Frase del Día

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martes, 26 de octubre de 2010

Aquello que te pasa y nunca te atreverías a contar (HISTORIA 4): "Mi primer viaje en avión".


Uno de nuestros colaboradores nos manda esta bella historia, digna de los oídos más refinados en la que nos cuenta como fue su primera experiencia en avión... No tiene "desperdicio"...

Saludos,

8a.


Era una mañana calurosa del recién estrenado Otoño de 2003. Hacía una día precioso, el cielo estaba despejado y nada hacía presagiar lo que se avecinaría horas más tarde.

Después de un pequeño desayuno en mi casa y tras haber llegado con excesivo tiempo de antelación, fuimos a un bar por allí cercano a completar mi primera alimentación del día. Poco a poco fui engullendo la comida que tenía por delante sin imaginarme que era demasiada y se juntaba con la preocupación de montarme en un lugar durante un par de horas sin poder salir a 10000 metros de altitud.

Mientras facturábamos la maleta fui sintiendo en mi interior un malestar estomacal que producía a su vez algún que otro gas indeseado. Tuve que pensar rápido y tomar una decisión: esperar al temido baño del avión o comprobar de que marca eran los wáter del baño de la sala de espera de la terminal.

Tras una larga deliberación decidir penetrar en el baño de la terminal. Era un lugar frío e inhóspito. Olía regular y se me erizaron los vellos al ver la taza de aquel wáter. Pero ya no hubo tiempo para pensármelo mucho. Me puse en cuclillas intentando como fuera que mi piel no rozase lo más mínimo con aquel material y me dispuse a defecar. Unos minutos más tarde había concluido. Pero, desafortunadamente, era una de estas veces que se queda una porción de truño pegada a tu orificio anal. El tiempo se acaba y el avión iba a salir en poco tiempo. Cogí cantidades inmundas de papel higiénico e intenté quitarme como fuera los restos adheridos a mi ano. Pero… no fue posible del todo. Así que cogí algún trozo de papel más para ponerlo de barrera entre el pedacito de truño y mis calzoncillos.

Fueron dos de las horas más largas de mi vida. Como si de una clase aburrida se tratase, el tiempo transcurría lento. Notaba el calor que desprendía aquel trozo orgánico que minutos antes se encontraba en mi interior. Desprendía un olor nauseabundo y ponzoñoso que cada vez podía soportar menos. Pero aún quedaba lo peor.

Me encontraba sentado en el asiento más alejado de la ventanilla. A mi derecha una bonachona pareja disfrutaba de un viaje romántico a la isla de Tenerife al menos hasta ese momento. Al ver mi interés en la preciosa vista que se observaba a través de la ventanilla, cometió el error de ofrecerme su asiento. Yo acepté encantado pero me arrepentí nada más levantarme del asiento ya que surgió una corriente fétida y nauseabunda que la cambió el color de cara a los buenos señores. Además, al desplazarme hacia su asiento, mi trasero pasaba a escasos centímetros de sus rostros ya amarillentos.

Así fue mi primer viaje en avión. El de vuelta no fue tan asqueroso. Nada más llegar al hotel, los calzoncillos fueron directos a la basura y el pantalón a la lavandería...


(Anónimo.)


miércoles, 7 de julio de 2010

Aquello que te pasa y nunca te atreverías a contar (HISTORIA 3): "El Tren"


Un apreciado colaborador, amigo y compañero me manda esta interesante historia con la intención de publicar algo inédito. Pretende plasmar con palabras lo que sin duda debió ser una verdadera aventura. Lo que vais a tener el placer de leer es un pellizco de la vida de un ser humano. Una parte de su existencia que debe ser reflejada fielmente para que no caiga en el olvido, aunque, siendo como es, dificilmente será olvidada...


8a.


EL TREN:


Sucedió uno de esos días cualquiera que transcurren sin que aparentemente se te vayan a quedar en la memoria…me encontraba en un tren, vehículo que aparentemente está pensado y diseñado hasta el último detalle. Una obra de ingeniería cuyas piezas se engranan para formar un todo que sea preciso y eficaz en su tarea….UNA MIERDA DE SITIO!!!!!

Antes de empezar con el relato que nos ocupa he de advertir al lector de que si no ha disfrutado nunca de una sopa con picatostes no entenderá la esencia del mensaje que trato de transmitirle en esta traumática historia real.

Estaba sentado desde hacía rato, fuera era de noche y apenas se vislumbraba lo que había a unos metros de las vías. El suave traqueteo sobre los raíles era ligeramente hipnotizador, y el transito del tren acelero otro tipo de transito. EMPECE A NOTARLO Y TRATÉ DE IGNORARLO, COMO HACE HABITUALMENTE EL HOMBRE MODERNO CON LAS SEÑALES QUE LE MANDA EL CUERPO, TAN SABIO Y VIEJO.

Pero la naturaleza es sabia y sabe lo que le conviene y lo que no, lo que es tolerable y lo que no, y por supuesto lo que necesita fuera de sí, y cuando lo necesita.

Así que no pude seguir ignorando los retortijones y me dirigí al excusado cruzando los dedos…cerré rápidamente y ocupe el mini trono que algún ingeniero, o quién sabe si algún decorador que solo se alimenta de zumo de soja había diseñado…seguramente para justificar fondos que luego fueron a su cuenta corriente …

El caso es que aquello más que una taza de váter era un bol metálico de los de Ikea para ensaladas unipersonales. Con gran esfuerzo y temor salieron en las sucesivas dilataciones los chorros de agüilla y algo más. Era como los dispensadores de refrescos del Mc Donalds pero con abertura intermitente.

Además del cuco retrete, el excusado contaba con la gracieta de no tener ventana.
El hedor era insoportable y el traqueteo del tren hacia que la rica sopa con tropezones flotantes se moviera peligrosamente hacia el borde, prácticamente enrasándolo con precisión matemática…Estoy seguro que la “pseudotaza” estaba tan colmada, que de haber tenido lacios en lugar de rizados los pelos de por ahí, habrían atrapado algún trócolo esponjoso y marrón del los que flotaban en aquello, que aparentaba ser un gran bol de cereales chocolateados que llevara demasiado tiempo con la leche echada…

Mi pesadilla parecía estar terminando, y el hedor junto al calor hacían que sudara como un reo el día de su ejecución…
Presione el botón rojo que evacuaría aquel caldillo gallego cuando para mi sorpresa sucedió algo terrible…NO SUCEDIÓ NADA!!! aquello no se fue, presioné con ansiedad hasta dejarme la uña blanca pero nada, y los nervios se agolpaban en mi cabeza, consciente de que si llegábamos a una estación y el tren frenaba, aquello rompería su precario equilibrio y se desbordaría manchándome a mí y a lo de alrededor.

Me quede petrificado por la situación, hasta que pude calmarme y salí rezando por que nadie esperara para entrar, no sin antes tapar la taza y comprobar que al abrirla, se veía la sorpresa apenas se levantara unos centímetros, moviéndose como una gelatina aguada…
Salí y para mi alivio comprobé que los pocos pasajeros que me acompañaban seguían en sus asientos, me senté en mi sitio y disfrute de la sensación de haber salido indemne de un delito atroz, y medio compadeciéndome medio mofándome del pobre que se encontrara aquello, y más aun del que lo tuviera que recoger.

Esta fue quizás la experiencia mas traumática, pero no la única de esta índole que he vivido en un tren…el diseño del AVE también se las trae, y fue protagonista de otra embarazosa situación que pronto saldrá a la luz.
(anónimo)

domingo, 27 de junio de 2010

Aquello que te pasa y nunca te atreverías a contar (HISTORIA 2): "La Pelea"


Uno de nuestros asiduos colaboradores, nos manda esta bonita historia de amor. Es la historia de un momento, un lugar, una época, una situación comprometida... se trata del cariño creado entre dos individuos de diferente naturaleza entre los que surgieron unos sentimientos muy bonitos y un adiós obligado, por la diferencia de edad...

8a.


"LA PELEA"

En un lugar de Mazagón, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que fuimos de vacaciones, a una bonita morada a pie de playa. En aquellos días, los buenos momentos se sucedían por doquier, la amistad y el cariño se respiraba por las esquinas y el sol brillaba creando una claridad que invadía el agua y la arena de la playa, logrando una serenidad digna de los más antiguos monasterios budistas que reinan en el continente asiático.

En medio de esta paz y tranquilidad, los quehaceres mas mundanos y fundamentales para el buen funcionamiento de las personas debían hacer su acto de presencia, y lo hacían, vaya si lo hacían...

Aquella tarde, me encontraba en el porche de la casa, cuando de repente algo en mi interior dijo basta. Quiero salir y lo quiero hacer ahora. Una fuerza bastante poderosa se apoderó de mi, puse pies en polvorosa y corrí, con paso firme, hacia el baño con instrucciones dictadas desde mi "yo" interno: Evacuación forzada.

Cuando llegué al baño, el panorama era desolador. Un diminuto retrete presidía aquella habitación que hacía las veces de cuarto de pensar. La sensación al sentarte no era mucho mejor. Una pierna tocaba la pared mientras que la otra chocaba con la bañera, y todo, con un ángulo entre piernas de no mas de 20º. La misión se ponía difícil, pero había que resolverla, pues no iba a ser esta vez menos que otras.

No hizo falta apretar mucho, pues aquello tenía la intención de buscar un medio aerobio apretara yo o no. Al fin salió, y más se pareció a un parto que a una situación de "descomer". Pero no todo había terminado, la segunda parte de una jocosa jornada no había hecho mas que comenzar.

Me dispuse a tirar de la cadena, cuando una voz dijo: "no! espera, quiero ser tu amigo", perplejo miré hacia abajo y mi cara se tornó a un blanco pálido digno de las mejores marcas de leche. Aquello hablaba, e incluso me extendió la mano con la intención oculta de que, al saludarme, pudiera salir de allí y venirse de cervecitas. Atónito tiré y tiré de la cadena, sin más resultado que el de quitarle las legañas al engendro. Fue en ese momento cuando me di cuenta del peligro que la situación conllevaba. El "bicho" quería salir y tenía las intenciones muy claras, no iba a irse por la cañería sin hacerme sudar sangre. Me armé de valor, y escobilla en mano comencé una batalla que iba a ser más dura de la cuenta... Empujé, removí y tiré de la cadena en repetidas ocasiones, escuchando gritos y quejidos propios de una cochina pariendo.

En aquel baño sin pestillo, cualquiera que hubiese entrado en ese momento y tuviese algo de idea de cine hubiera querido rodar una película. Yo, de pié, con mi espada con pelos en la mano (la escobilla), el bañador por los tobillos y en plena batalla. El edor era insoportable, porque la pequeña ventanita que lucía en la pared estaba tan solo entreabierta, pues tras ella se encontraba el porche donde los demás reían y disfrutaban de una soleada tarde.

Tras una lucha de algo más de diez minutos y habiéndole tomado mucho cariño a aquel producto del exceso de alimentación humana conseguí darle un apenado adiós al que ya se había convertido en un miembro más de aquella reunión. Salí del water, victorioso, con sensaciones encontradas, pero con la moral muy alta por el éxito de una batalla librada más, en esta vida tan peligrosa...
Con esta historia, quiero hacer una llamamiento a aquellos ingenieros, constructores, casas comerciales, vendedores y fontaneros dedicados a la creación, venta y puesta en funcionamiento de todo tipo de elementos para el baño. Señores, hay que hacer el agujero del water más grande, acompañando esto de una tubería de diámetro adecuado.

(Anónimo).


Gracias a este amigo, por lo detallado de la descripción y por mantener su anonimato (costaría trabajo hablarle sabiendo todo esto),

saludos,

8a.

viernes, 28 de mayo de 2010

Aquello que te pasa y nunca te atreverías a contar (HISTORIA 1): "El Segundo Desayuno: La Merendola"


Un compañero, amigo y colaborador me manda la que será la primera historia de este nuevo apartado, "aquello que te pasa...", narrada en primera persona y con total anonimato. A continuación corto y pego fielmente lo que me relata con total exactitud. Recomiendo a los que sean sensiblitos que no lean lo que a continuación desarrollamos, pues podría herir de forma irreversible sus sentimientos...


8a.


"EL SEGUNDO DESAYUNO: LA MERENDOLA"


Ante todo me gustaría agradecer al protagonista de esta historia su valor al recordar los traumáticos hechos que relataré, y aun más importante, al darme permiso para divulgarlos (eso sí, manteniendo su nombre en el anonimato, según dice, para poder seguir viviendo en el mismo vecindario).

En esta historia real, NO SE HAN DRAMATIZADO LOS HECHOS, cosa que se suele hacer en la adaptación al cine de una historia real…no son hechos basados en la realidad, sino la realidad en el más crudo de sus estados (crudo de crudeza y de falta de cocción como podrán ver).

Corría un fatídico invierno de los últimos de la década de los noventa. La mañana era plomiza y pesada, y el aire frio y denso me pesaba sobre los hombros…había llegado el día del examen de inglés del libro de franqueasteis y no podía permitirme el lujo de faltar, sabiendo que esa asignatura era la espada de Damocles que podía hacer que pasara al bachillerato o repitiera la E.S.O.
Llevaba varios días sufriendo un resfriado de los de moco de pavo, con la cabeza embotada y febril y el cuerpo dolorido como si hubiera corrido la maratón…aun así me abrigue como pude, me arme de valor y cogí el autobús que me llevaría a ese presidio adolescente donde ya llevaba dos años de condena, y donde no estaba dispuesto a repetir uno más…

El azar, o tal vez la mano del diablo, hicieron que tras separar los pupitres para aislarlos, el mío callera en pleno centro de la clase. La fiebre me acosaba y el terror de enfrentarme a aquella prueba atenazaba mi garganta… Tras leer sin entender nada el folio que tenia frente de mi, mi cuerpo debió bajar la guardia y un galopante ataque de tos se desato en mi interior sacudiéndome con violencia.


Los ojos se me cegaron inundados por las lagrimas, y el zarandeo hacia que me meciera hacia adelante y hacia atrás mientras me cubría la boca para disimular. No sé cuanto duro ese vapuleo interno que me pareció eterno, pero recuerdo la sensación de las lagrimas por mi mejilla y como se me vino a la mente las imágenes árticas de gigantescos fragmentos de hielo desprendiéndose cada vez que la tos arrancaba las flemas que taponaban mi garganta, como la costra de grasa seca en la campana extractora de una cocina sin limpieza.

Para cuando los espasmos fueron disminuyendo su fuerza y mis compañeros volvieron a su examen, mi boca estaba llena a rebosar de una masa densa de textura parecida al blandiblu que me imagino seria verde lima o marrón-sanguinolenta.
Angustiado busqué por los múltiples bolsillos de mi chaqueta y pantalones en busca de un pañuelo donde volcar el denso y caliente pollito.

Recuerdo haberme limpiado las lágrimas y haber abierto los ojos de asombro y terror tras cerciorarme por tercera o cuarta vez de que no tenía donde echarlo.

Mientras rebuscaba procuraba pasarme de un carrillo a otro aquello que a buen seguro tenia no solo vida sino alma, tratando de no masticarlo porque se colaba entre los piños…Lo pusiera donde lo pusiera el asco era el mismo, y mis glándulas salivares, trabajando a todo lo que daban, llenaron de baba (algo más fresca y liquida que las densas y calientes flemas) hasta que seguir con los labios sellados resultó casi imposible.

No podía pedir un pañuelo pues aquello se habría volcado sobre la mesa y quién sabe si habría huido arrastrándose como una babosa con sabe dios que intenciones…tenía los carrillos a rebosar y ahora la masa estaba sobre la lengua mientras las babillas se colocaban en la periferia. Como haciendo un vago intento de envolverlo y aislarlo. Pensé aterrado buscando una solución, era joven e inexperto y no podía permitirme salir de aquel examen, pues la asignatura estaría sentenciada…

Tomé una decisión y tras contar hasta tres abrí la garganta todo lo que pude para devolver a la bestia a donde procedía.

El buche me pareció eterno, mientras la masa gelatinosa parecía adherirse a dientes y lengua tratando de no resbalar hacia adentro.

Aunque hice lo que pude el cuerpo está diseñado para ciertas cantidades, y el pollito era demasiado grande para ser engullido de una vez.

Si hubiera sabido esto, tal vez habría tomado una decisión diferente que me hubiera ahorrado este trauma…pero ya que me había tragado la mitad el sacrificio estaba hecho.
Pensaba todo esto mientras sentía la mucosidad deslizándose por el esófago e impermeabilizándolo como si de una capa de plástico fundido se tratara.

Tras reflexionar y con la boca aun medio llena, trague lo que me quedaba mientras las nauseas casi se apoderaban de mi…No pude centrarme en el examen y me imagino que de nada hubiera servido, puesto que si hubiera sido en ruso no creo que hubiera sacado peor puntuación.

Después de terminar, abatido y febril, abandone la clase y llamaron a mi casa para que me recogieran, mientras en mi cabeza pensaba en como habrían sido las cosas si en lugar de deglutir hubiera expulsado aquello, casi casi como si de un copioso vomito se tratara…Mis compañeros hubieran creído que se encontraban ante un poseído, pero me habría ahorrado aquello…

Finalmente suspendí y aquello me ayudó a reflexionar y valorar mejor sobre la delgada línea de lo políticamente correcto y lo necesario para uno mismo.


Anónimo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Aquello que te pasa y nunca te atreverías a contar (INTRODUCCIÓN) (Escrito por Daniel)


Uno de nuestros colaboradores, Daniel, me manda la introducción de lo que será uno de nuestros nuevos apartados en el blog. Se trata de historietas jocosas que les han ocurrido realmente a algunos de nosotros... Si alguno quiere mandarnos una de esas historias, contadas en primera persona para compartirla con los demás, no dudeis en escribidnos a soyochoa@gmail.com, serán publicadas con nombres falsos, para proteger la dignidad de los sujetos, nuestros lectores lo agradecerán...


Saludos!


INTRODUCCIÓN (Por Daniel)


Quisiera aprovechar la oportunidad que se nos brinda a todos con la generosidad de un Manuel sin censuras que nos abre una puerta al mundo para hablar de lo siguiente: Aquello que te pasa pero nunca cuentas.

¿Quién no ha oído, ha estado presente, o incluso ha sido protagonista alguna vez de esas cosas cotidianas y jocosas que nuestra mal entendedora sociedad considera embarazosas?

De ello quiero hablar, y para omitir datos personales cambiare los nombres de los protagonistas, contando anécdotas REALES que le han sucedido a personas de mi entorno, y para no escaquearme, incluso a mi…Todas las anécdotas estarán contadas en primera persona, aunque hayan sido vividas por personas diferentes, para lo cual tendré que documentarme sobre detalles concretos y entrevistar a los protagonistas en un trabajo de investigación duro, que a buen seguro, terminara con alguno de ellos derrumbado al recordar…pero es en pos de la divulgación por la que haremos pasar este duro trance que espero valoren los lectores.

Para los sensibles de estomago y sueño ligero recomiendo, se salten esta serie de artículos sobre anécdotas jocosas, pues no son para todos los públicos…en ellas hablaremos de flatulencias inoportunas, sonoros eructos, tropiezos con cosas que nunca quisimos tropezar, cascarrias y aliños varios…

Para empezar abriendo boca os daré algunos consejos que pueden evitaros vivir lo que otros han vivido:

1…Si vais a la vaquería de dimanchoso controlar a las vacas con tos antes de pasar detrás de ellas, NO, en esas circunstancias nunca pases a menos de 5 metros de ellas aunque te parezca una distancia de seguridad excesiva, pues como es sabido por todos, al toser, no solo a las personas, sino a los animales, se nos afloja el muelle, y el orto se convierte en una lanzadera espacial de…

2…Cuando viajéis portar siempre en el equipaje un desatascador si creéis que os puede faltar el kiwi mañanero, pensad que no todos los fontaneros fueron tan precavidos como los visionarios que montaron vuestros baños, las soluciones improvisadas pueden dar origen a historias como las que contaremos.

3…Si vais a un examen resfriados cargaos de pañuelos como si fuerais a venderlos en un semáforo…nunca sabes cuantos puedes necesitar.

4… Si habéis disfrutado de una copiosa y opípara comida, procurar tener algún amigo, perro o recipiente para guardar los recuerdos de esa comida, recuerda que son muy volátiles…si no estás preparado, se pierden…

5…Recordad no ir con mas “equipaje” de la cuenta en los trenes, y no solo en los de cercanías…el ajuste de presupuesto, y el abaratar costes siempre afecta al diámetro y timbrado de las conducciones de evacuación.
En breve publicaremos anécdotas que darán más sentido a estos valiosos consejos que os doy desde la experiencia propia y ajena.


Daniel.